Salmos 5
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1 1-2 (2-3) Señor, Rey mío y Dios mío, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, oye mis súplicas, pues a ti elevo mi oración.
2 3 (4) De mañana escuchas mi voz; muy temprano te expongo mi caso, y quedo esperando tu respuesta.
3 4 (5) No eres tú un Dios que se complace en lo malo; los malvados no pueden vivir a tu lado,
4 5 (6) ni en tu presencia hay lugar para los orgullosos. Tú odias a los malhechores,
5 6 (7) destruyes a los mentirosos y rechazas a los traidores y asesinos.
6 7 (8) En cambio yo, por tu gran amor, puedo entrar en tu templo; ¡puedo adorarte con toda reverencia mirando hacia tu santo templo!
7 8 (9) Señor, por causa de mis enemigos guíame en tu justicia, llévame por el buen camino.
8 9 (10) Ellos nunca hablan con sinceridad; ¡están corrompidos por dentro! Sepulcro abierto es su garganta; ¡su lengua es mentirosa!
9 10 (11) ¡Castígalos, Dios mío! ¡Haz que fracasen sus intrigas! Recházalos por sus muchos pecados, porque se han rebelado contra ti.
10 11 (12) Alégrense los que buscan tu protección; canten siempre de alegría porque tú los proteges. Los que te aman, se alegran por causa tuya,
11 12 (13) pues tú, Señor, bendices al que es fiel; tu bondad lo rodea como un escudo.
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