Job 34
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1 Ustedes, sabios e instruidos, escuchen mis palabras.
2 El oído distingue las palabras, igual que el paladar reconoce los sabores.
3 Así también, examinemos nosotros el caso y decidamos lo que nos parezca mejor.
4 Job afirma: «Yo soy inocente, pero Dios se niega a hacerme justicia.
5 Sería una mentira el admitir que soy culpable; mi herida no sana, aun cuando no he pecado.»
6 ¡No hay nadie como Job! Se burla de Dios como quien bebe agua;
7 le gusta juntarse con los malvados, andar con la gente mala.
8 Dice que nada gana el hombre con tratar de agradar a Dios.
9 Pero ustedes, gente sensata, escúchenme. ¡Ni pensar que Dios, el Todopoderoso, haga el mal o cometa injusticias!
10 Él paga a cada uno según sus obras; hace que cada cual reciba lo que merece.
11 En verdad, Dios, el Todopoderoso, no hace nada malo ni injusto;
12 de nadie recibió el poder para gobernar al mundo entero.
13 Si les quita a los hombres el aliento de vida, todos ellos mueren por igual y otra vez vuelven al polvo.
14 Si tú eres sensato, escúchame; pon atención a mis palabras.
15 Si Dios odiara la justicia, no podría gobernar. ¿Cómo puedes condenar a quien es inmensamente justo?
16 Si los reyes y los nobles son malvados, Dios no duda en echárselo en cara.
17 Él no se pone de parte de los gobernantes, ni favorece más a los ricos que a los pobres, pues él fue quien los hizo a todos.
18 Los hombres mueren en un instante, en medio de la noche; la gente se alborota y desaparece; el poderoso es eliminado sin esfuerzo humano.
19 Dios vigila los pasos del hombre y conoce todas sus andanzas.
20 No hay tinieblas tan oscuras que puedan ocultar a un malhechor.
21 Dios no fija un plazo al hombre para que se presente ante él a juicio.
22 No necesita investigar para derribar a los grandes y dar a otros su lugar.
23 Dios conoce lo que hacen, llega de noche y los destroza.
24 Los azota como a criminales, a la vista de todos,
25 porque no quisieron obedecerle ni aceptar sus normas de conducta.
26 Hicieron que los gritos de los pobres y oprimidos llegaran hasta Dios, y él los escuchó.
27 Pero si Dios calla, ¿quién podrá condenarlo? Si oculta su rostro, ¿quién podrá verlo? Él vigila a pueblos e individuos
28 para que no gobierne al pueblo un malvado que lo engañe.
29 ¿Acaso le has dicho a Dios: «Me dejé engañar; no volveré a pecar.
30 Muéstrame las faltas que yo no veo. Si he actuado mal, no lo volveré a hacer»?
31 ¿Acaso quieres que Dios te recompense como mejor te parezca, aunque tú lo hayas rechazado? Ya que eres tú quien decide, y no yo, dinos lo que sabes.
32 Los hombres sabios que me escuchan, y las personas sensatas, me dirán:
33 «Job está hablando sin saber; sus palabras no tienen sentido.
34 ¡Que se examine a fondo a Job, pues sus respuestas son las de un malvado!
35 Job no solo es pecador, sino rebelde; delante de nosotros se burla de Dios y se pone a discutir con él.»
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