Salmos 102
← Capítulo anterior
·
Próximo capítulo →
1 1-2 (2-3) Dios mío, escucha mi oración; atiende a mis ruegos. No tardes en responderme cuando te llame; no me des la espalda cuando me encuentre angustiado.
2 3 (4) La vida es como el humo y se me escapa. Los huesos me arden de dolor; parecen carbones encendidos.
3 4 (5) Me siento muy afligido; hasta parezco hierba marchita. ¡Ni ganas de comer tengo, y hasta los huesos se me ven!
4 5 (6) ¡Es muy grande mi angustia!
5 6-7 (7-8) Estoy tan triste y solitario como un buitre en el desierto, como un búho entre las ruinas, como un gorrión sobre el tejado. ¡Hasta he perdido el sueño!
6 8 (9) No pasa un solo día sin que mis enemigos me ofendan; ¡hasta me echan maldiciones!
7 9 (10) Mi comida y mi bebida son mi propio llanto.
8 10 (11) ¡Te enojaste, te llenaste de furia! ¡Me levantaste, para derribarme después!
9 11 (12) Mi vida va pasando como las sombras en la noche; ¡me estoy marchitando como la hierba!
10 12 (13) Pero tú, mi Dios, eres el rey eterno y vives para siempre.
11 13-14 (14-15) Un día te levantarás y tendrás compasión de tu pueblo. ¡Ese día ha llegado! ¡Ya es tiempo de que lo perdones! Nosotros estamos a tu servicio y amamos a la ciudad de Jerusalén; ¡verla en ruinas y entre escombros nos causa mucho dolor!
12 15 (16) Dios mío, todas las naciones te adorarán; todos los reyes de la tierra reconocerán tu grandeza.
13 16 (17) Tú reconstruirás a Jerusalén y así demostrarás tu poder.
14 17 (18) Prestarás toda tu atención a los ruegos de los desamparados, y no dejarás de atenderlos.
15 18 (19) Que esto quede por escrito para los que aún no han nacido; para que alabe a Dios el pueblo que está por nacer.
16 19 (20) Mientras Dios miraba desde su palacio celestial, se fijó en la tierra;
17 20 (21) al escuchar los lamentos de los presos condenados a muerte, los puso en libertad.
18 21 (22) Por eso en Jerusalén se alaba su nombre; por eso en Jerusalén se le cantan alabanzas.
19 22 (23) Todos los pueblos y reinos se juntan para adorarlo.
20 23 (24) En el transcurso de mi vida, Dios usó su poder para humillarme y para acortar mi existencia.
21 24 (25) Entonces le rogué: «Para ti, Dios mío, los años no tienen fin; ¡no me lleves en plena juventud!
22 25 (26) En el principio tú afirmaste la tierra; tú mismo hiciste los cielos,
23 26 (27) pero se irán gastando, como la ropa, y un día, los destruirás. Pero tú te mantendrás firme;
24 27 (28) siempre serás el mismo, y tus años no tendrán fin.
25 28 (29) Nuestros hijos y nuestros nietos estarán a tu servicio, como lo estamos nosotros, y vivirán contigo para siempre».
← Capítulo anterior
·
Próximo capítulo →
Leia também em NVI AA ACF KJV ESV NASB AMP ASV ERV WEB CPDV SYNO NRP RVR1960 NVI-ES NVI-CA LBLA NBLA NTV RVA2015 RVC TLAI DHH94I DHHS94